¿Cómo es el proceso de detección de la sordera infantil?
La hipoacusia es la incapacidad parcial o total para oír sonidos en uno o en ambos oídos. En la actualidad, de dos a tres bebés por cada mil nacidos cuentan con algún tipo de hipoacusia infantil. No obstante, este problema se puede desarrollar en niños que contaban con una audición normal cuando eran bebés.
Existen distintos niveles de hipoacusia: leve, moderada y profunda. El caso más grave de los tres es la sordera. Mientras que en algunos casos la hipoacusia se mantiene estable y no empeora con el paso de los años, en otros puede ser progresivo, por lo que puede empeorar con el tiempo. Las hipoacusias de carácter transitorio son las que pueden provocar otitis en los niños algo más mayores.
¿A qué edad puede aparecer la hipoacusia infantil?
La hipoacusia infantil puede aparecer desde el nacimiento o se puede desarrollar con el paso de los años. Factores prenatales como la infección durante el embarazo, el Síndrome de Down, los defectos genéticos o la falta de oxígeno durante el parto pueden provocar una hipoacusia infantil de nacimiento.
Por otra parte, algunos niños pueden desarrollar sordera a causa de una enfermedad. Desde meningitis o infecciones por un virus hasta por golpes en la cabeza o diversas medicaciones. También se puede dar el caso de que el niño cuente con un defecto genético desde el nacimiento y que no presente la pérdida auditiva hasta más adelante.
¿Cuáles son los síntomas de la sordera infantil?
Los niños que padezcan pérdida auditiva tendrán menor respuesta, o ninguna en algunos casos, al sonido. Esto puede provocar que los afectados puedan presentar un tipo de retraso en el desarrollo del lenguaje. En caso de que el niño presente alguno de los siguientes problemas, es de vital importancia llevarlo a un especialista para que lleve a cabo una investigación.
Los recién nacidos deberán mover las cuatro extremidades y abrir los ojos ampliamente en respuesta a un ruido fuerte y repentino. En caso de que no lo haga, es probable que el bebé pueda padecer algún tipo de pérdida auditiva. Si entre los cuatro y cinco primeros meses de vida no es capaz de reconocer la voz de sus padres, ni de mover la cabeza y ojos en la dirección del hablante, entonces también deberá acudir al especialista.
Entre los siete y ocho meses, los niños deben de ser capaces de girar la cabeza y el cuerpo rápidamente hacia la voz de sus padres o sonidos como puede ser un timbre. Además, durante esta época, el niño ya es capaz de responder a sus padres haciendo todavía más ruido.
Al alcanzar el primer año de vida, el bebé ya es capaz de repetir una o dos sílabas, por lo que podrá decir palabras como ‘mamá’. Durante esta etapa, el niño escucha ya sonidos familiares y balbucea en alto.
En la etapa que transcurre entre el primer y el segundo año, el bebé debe de ser capaz de desarrollar respuestas a instrucciones habladas. También será capaz de reaccionar a su nombre y de decir palabras simples. Por último, cuando el niño supere los dos años, ya debe ser capaz de unir dos palabras. En caso de que el bebé no cumpla con estos plazos, es importante acudir a un especialista para que determine si puede padecer cualquier tipo de pérdida auditiva.
No obstante, a los bebés que pertenecen a un grupo de riesgo de padecer sordera ya se les hará una prueba nada más nacer. El especialista podrá llevar a cabo distintos procesos de detección dependiendo de la edad.
Del nacimiento hasta los dieciocho meses de vida, la prueba que se lleva a cabo es la otoemisión acústica. A partir de entonces se pueden llevar a cabo otras como la audiometría vocal, la audiometría tonal, la acumetría, la impedanciometría o la electrococleografía.

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